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¿Qué setas encontrar en el valle de Aísa?

Ha llegado el otoño, los días se acortan y nuestros bosques cambian de color. Y sí, también han llegado las bajas temperaturas…. ¡Pero con ellas llega la época de buscar setas! Las temperaturas suaves que se prevén llegarán estos días junto con la llegada de las primeras lluvias que acabamos de recibir son la combinación perfecta para la proliferación de setas. Sigue leyendo y descubre cuáles qué setas encontrar en el valle de Aísa.

En nuestro alojamiento rural podrás probar platos cocinados por muchos de estos deliciosos hongos, ¡acércate este mes de octubre a degustarlos!

El valle de Aísa es una tierra idónea para los amantes de la micología. Hay mucha agua, humedad y la temperatura adecuada. Además, sus bosques llenos de colorido y caminos que invitan a ser recorridos en otoño. Las especies características del otoño gallego son la macrolepiota, el champiñón, el boletus y el níscalo. Son las que primero salen en otoño y las más buscadas por ser comestibles y fáciles de identificar. En nuestro valle además abundan los pinos y robles. Perfectos para la proliferación de estos hongos. Además, las praderas y los hayedos que pueblan el valle ofrecen interesantes excursiones micológicas que harán descubrir al experto y al aficionado los ocultos encantos de la naturaleza. ¿Pero sabes qué setas encontrar en el valle de Aísa?

Setas comestibles que puedes coger

• Macrolepiota procera: También llamados parasoles. Los encontrarás en prados y claros de bosque. Tienen un sombrero marrón claro que puede llegar a alcanzar los 30 centímetros. Además, presenta escamas aplanadas y oscuras, que irradian desde el centro.

• Boletus Edulis: Es uno de los más buscados y deseados, quizá por su buen sabor y uso culinario.  Podrás encontrarlo en muchos bosques de hayas, robles, castaños, pinos y también entre jaras, ya que es su lugar de origen. Una de las características más llamativas de esta seta a la hora de reconocerla es el color de su sombrero, de color pardo más o menos oscuro, en contraste con el blanco amarillento de su tallo. A veces casi tan ancho como el sombrero.

• Lactarius deliciosus: Rebollón, robellón o níscalo. Otro de los tesoros culinarios del valle de Aísa. Se encuentra en pinares y bosques mixtos y su sombrero suele oscilar entre los 4 y 16 centímetros de diámetro. En su juventud el sombrero se encuentra enrollado por sus bordes y conforme envejece se aplana para evolucionar a forma embudada. ¡Su característico color anaranjado se quedará también impregnado en tus dedos!

Estas son las más buscadas y deseadas, ¡pero aún hay muchas más! Éste otoño, tu escapada rural tiene un nombre: Valle de Aísa.

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