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Nuestros héroes anónimos

Hoy os presentamos a Óscar.

Él es uno de los jóvenes que decidió seguir los pasos de su padre y trabajar en el mundo rural. Desde 1984, esta familia recorre incansable todas las semanas kilómetros de carretera para dar un servicio esencial a nuestros pequeños pueblos. Su padre, Ángel, le pasó el testigo hace unos años. Y él continúa con la tradición de ser el único comercio que existe en muchos de nuestros pueblos.

Desde el valle de Ansó hasta el valle de Broto, nos acercan pescado fresco, verduras, conservas y todos los productos que podemos necesitar en nuestro día a día.

Para muchos de nuestros pueblos es, junto con el panadero, la única forma de conseguir productos.

Son las 12,30 y se empiezan a oír los pitidos de su furgoneta. Es el aviso, Óscar ha llegado. Cojo mis bolsas y bajo a la plaza del pueblo.

El joven ya tiene preparada la furgoneta y el remolque y puede empezar a vender. En este momento, su tienda ambulante se convierte en un centro de reunión improvisado. Para los mayores de Aisa, es una oportunidad única para juntarse a charlar y compartir todo lo que durante la semana ha sucedido. A veces, su único momento.

Todos sabemos de la importancia de mantener este servicio. Para esos mayores, y para todos. Quizá podríamos adquirir los productos en Jaca un poco más económicos, pero la calidad, la humanidad y el servicio que nos dan hace que nuestros pueblos sigan vivos.

Nos saludamos, preguntamos por la salud, los hijos, los nietos…Hablamos del tiempo, de la pandemia, o de mil y una cosas. Pero sobre todo, nos relacionamos (con mascarilla).

Por todo esto y más, os damos las gracias, Ángel y Óscar.

Sois nuestros héroes anónimos. Los que hacen posible que la vida en nuestros pequeños pueblos siga manteniéndose.

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